Escrito por AAC
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(Advertencia la siguiente historia es una cursilería inmunda que estuvo guardada y espero cinco años en ser contada)
La vida es un carrusel de eventos y yo voy montada sobre la ironía.
Para hablar sobre el orgasmo de la luna llena debo remontarme a épocas más simples repletas de inocencia, descubrimiento y vestidos largos en las fiestas formales; Cuando (como todos) aun desconocía toda las jugarretas que te tiene preparada la vida.
Debo hablar entonces de la primera vez que me enamoré como una estúpida (entiéndase solo fueron dos veces hasta ahora, y la segunda retrata todo el drama de enamorarse del mejor amigo, cosa que ya superé y de lo cual no pienso hablar en al menos cinco años).
Todo comenzó con un rumor que se filtró por mis oídos en las aulas de clase, de alguien que era más una compañera que una amiga, éramos un colegio sólo de mujeres, afirmando con certeza de que ‘Cesar’ el chico educadito, alto, flaquito y con gafas del colegio de varones ‘quería conmigo’ y se me iba a ‘mandar’. Esto me dejó muy pensativa, había considerado a Cesar como una opción muy remota pero a partir de esa semillita que fue plantada en mi subconsciente mi realidad fue cambiando en una especie de transición gradual, es decir me temple como una imbécil.
Y yo la quería ahí, la necesitaba en este momento tan especial de mi adolescencia, tenia que apoyarme y compartir conmigo la experiencia, mi mejor amiga.
Ella hablaba con él desde un poco antes, su chamba era informarme y dar su punto de vista sobre otra perspectiva de cómo marchaban las cosas.
- -Kathy, pero ¿a ti Cesar te gusta?
- - No para nada, él es solo mi amiguito
Debía preguntar para tranquilizarme, ahora solo podía saborear la situación, todo iba a mi favor, era esperar que se conecte y que él me salude para que mis labios esbozaran una estúpida sonrisa, era leer una y otra vez sus mensajes de texto, imaginar momentos juntos, escuchar Happy Together de The Turtles y pensar en nosotros, era sentir una presión en el pecho, un calor instantáneo al pensar en él, una ansiedad al no tenerle cerca.
Y es que todo lo que dice Cesar es tan maduro, tan pensado, es un chico tan inteligente, respetuoso, tan perfecto que sólo me provocan deseos de envejecer a su lado, de ser la madre de sus hijos, de compartir con él esa noche tan especial; cuando comienzas a pensar eso puedes darte cuenta de que estas jodido(a) en mi caso, jodidísima.
Ya muchas personas lo sabían, era solo cuestión de tiempo, a mí me encantaba, me encantaba que me ‘molesten’ con Cesar, yo estaba muy decidida incluso iba a adelantarlo todo, iba a pedirle que fuera mi pareja de promoción. Tomaría el valor una de esas tardes en el club cuando salíamos de las clases de tango donde cuando bailábamos juntos todo lo demás dejaba de existir para mí, luego jugábamos y tonteábamos con su mejor amigo y la chica que el había escogido para ensayar.
Ese verano se fue para Estados Unidos, lo extrañé, le escribí, trataba de sacarle una sonrisa con mis conversaciones ocultas, su llamada desde allá por mi cumpleaños me aceleró el ritmo cardiaco, al volver me trajo un hermoso presente se trataba de una caja de chocolates con forma de corazón, hubo promesas de postales con el puente de San Francisco pero esas nunca las vi; después me enteré que le había traído exactamente lo mismo a Kathy.
Resulta que a Kathy le pasaba algo similar pero con la misma persona (estaba templada), supongo que uno(a) no puede evitar que sucedan este tipo de cosas, no la confronte ni nada, era como algo de lo que ambas teníamos un conocimiento tácito, nunca llegamos a hablar a fondo del asunto, los siguientes días pasaron a ser decisivos y de incertidumbre.
Llego la esperada fiesta de quince años de esa semana, como de costumbre las chicas nos arreglamos en ese extenuante proceso antes de una fiesta, nada puede fallar, simplemente tienes que verte mejor que nunca. Por falta de anticipación me conformé con llevar un vestido que ya había usado antes, al final esas situaciones superficiales nunca me han significado de gran importancia, el papá de Kathy paso a recogernos en su mini van (a mí y a Alejandra, las tres éramos las amigas inseparables) ni bien subí, noté el vestido nuevo de Kathy, era muy bonito y llamativo hizo que me reservara un poco y disminuya mi confianza, su peinado y maquillaje obviamente eran el producto de una visita a una peluquería exclusiva, mientras algunas chicas simplemente nos arreglábamos en casa.
No tuve un buen presentimiento de esa noche.
En un momento noté que Cesar y Kathy desaparecieron, un amigo me comentó al oído para que Cesar no esté bailando su canción favorita es porque debe estar bien entretenido, hice como que no lo escuche, no entiendo con que objeto me dijo eso.
A partir de ahí no recuerdo con exactitud qué sucedió esa noche, quizá mi mente le dio un efecto difuminado para olvidarse, lo más probable es que hayan vuelto tomados de la mano y todo el grupo haya celebrado la noticia incluyéndome a mi, mi mente se estancó y solo reaccioné cuando fue el momento de irnos y subir a la mini van.
El trayecto a casa fue uno de los mas largos de mi vida, supongo que Kathy nos estaba contando emocionada cómo fue, pero yo no estaba ahí, miraba por la ventana e imaginaba a las luces de los postes dibujando formas vagas y abstractas en el oscuro firmamento, quería teletransportarme y fundirme en esas luces, quería ser un poste, quería ser el húmedo pavimento, cualquier cosa con tal de irme de ahí.
- ¿Estas bien?
Algo así fue lo que me murmuró Alejandra mientras me puso una mano en el hombro, creo que fue tranquila mujer o alguna otra palabra de aliento mal atinada que no supe responder. Mis ojos vidriosos y mi mirada gacha me delataron sobremanera.
Llegué a mi casa y lo primero que hice fue arrojarme sobre mi cama ¿lloré? Sí, pero hasta hoy no había querido reconocerlo y asimismo no se lo conté a nadie; lloré, lloré y lloré hasta cuando te da suelo de tanto llorar y te duermes.
Al día siguiente escribí orgasmo de la luna llena mientras escuchaba una y otra vez la canción La Moulin de Yann Tiersen.
Nunca más volví a ir a un quinceañero.
El orgasmo de la luna llena
La luna destella melodías
Que consuelan y mesen mi alma suavemente
El firmamento estrellado
Me devela mis propias sensaciones
Es la cima de esta insípida angustia
La que me conduce a una tranquilidad inexplicable
Alguien comprende lo que siento
Y toca el piano para mí
Cada nota se eleva por los aires
Se deja llevar por el viento
Para terminar fundiéndose en la luna
Esa fusión inunda mi ser de una profunda calma
Es el orgasmo de la luna llena
Recuerdos de charlas que nunca existieron
Imágenes furtivas navegando por mi mente
Un momento juntos… un baile lento
Al son de las teclas que acompasan el espacio
La melodía va muriendo y las notas caen despacio
Y vuelve esa angustia, el miedo de soltar tus manos
Y te vas alejando lentamente… el adiós
De nuevo ese sórdido vacio me aprisiona
Y me siento terriblemente culpable
Porque te construí de fragmentos
Y como todo lo irreal tuve que dejarte ir
La luna me observa incisiva y penetrante
Nunca probé el sabor de tus labios
Y espero nunca hacerlo
Porque arrancaría el sentido a ese recuerdo inventado
Es el peso de no tenerte, es la paz de que seas libre
No sé cuál sea tu recuerdo respecto a mi…
O si me tienes de tu corazón a un lado
Yo siempre te tendré en fragmentos
Parte real parte inventados.
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Imagen por marietta cuxufleta
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