lunes, 18 de octubre de 2010

I. Dulces dieciséis

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Introducción

Una noche improbable, tres mujeres solas caminaban al pie de los peñascos de La Herradura. La brisa helada del mar se colaba por sus orejas y endurecía sus muslos, apenas cubiertos por los vestidos entre rojos y morados que les colgaban. Caminaban presurosas por la pista casi abandonada, las veredas estaban reservadas para los borrachos esquilmados que despertaban con el golpeteo de los tacos para adular a esas quinceañeras con piropos incomprensibles, deseaban clavarle las encías pues no tenían dientes.

Ellas volvían de una fiesta poco menos que decepcionante en uno de los bares levantados en ese último rincón de Lima. Minutos antes, recibieron la llamada de Lucía, que se había quedado en casa, algo constipada (que no es lo mismo que castigada). Ella les contó que Raquel estaba a su lado llorando descontrolada pues acababa de perder la virginidad en circunstancias no aclaradas en la llamada.

Se dirigían a la casa de Lucía, la base de todas las piyamadas. Vivía a pocas cuadras, en la calle Nueva York. Lucía era la menor de todas, inexperta en esas lides, a pesar de tener un enamorado que solo la llevaba al cine; el problema de Raquel se le escapaba de las manos pues esas complicaciones las veía todavía lejanas. Por eso llamó a las chicas que, comandadas por Fiorella, volvían del fin del mundo, para consolar a Raquel, la amiga herida, y maquinar fríamente la venganza.

Lucía abrió la puerta. Al verlas, tenían el aspecto de haber salido de una orgía en las aguas negras del mar de Chorrillos. “¿Dónde está?”, preguntó Fiorella. “Pasen, está en mi cuarto”, dijo Lucía, antes de ir a la cocina a buscar galletas para invitarle a las chicas. Fiorella, Grecia y Carina vieron desfallecer a Raquel, no entendían qué pasaba hasta que ella les dijo, balbuceando, “me trató como una Cualquiera, sólo me quería como su perra” y volvía a llorar.

“Ah no, ¡ese tipo me va a oír, qué mierda se ha creído!”, dijo Fiorella. Grecia trató de calmarla, pidió que la venganza contra el, ahora, ex novio de Raquel sea silenciosa y deje el menor rastro. “Cagaron a Raquel, listo, nadie debe enterarse”, acotó Grecia. Carina la apoyó, dijo que, de todas maneras, Raquel quedaría mal parada y saldría lastimada si todo se hacía público en la academia. Fiorella se negó, pedía ir y a la casa del maldito tramposo, obligarlo a salir, amarrarlo a un poste, lincharlo y prenderle fuego.

Le preguntaron qué hacer a Lucía. Ella tartamudeó y no supo qué decir. Rápidamente, Carina exigió que todas se junten y dijo: “Chicas, tenemos que prometer algo” y todas formaron una redondela. “De hoy en adelante, vamos a darnos nuestro lugar. Esos malditos, hablo de todos los hombres, no van a herirnos nuevamente, quiero que lo prometan, que no se enamoren más, que ellos lo piensen dos veces si nos quieren tener, ahora nosotras jugaremos con ellos, y si ellos lo hacen con nosotras, que se atengan a las consecuencias. Prométanlo”.

El apoyo fue unánime. Claro que no calmó mucho a Raquel. Era una lástima que ella haya tenido que caer para que sus amigas reaccionaran y firmasen ese pacto con sangre. La redondela se separó y, en un rincón, Fiorella rezongaba para ella misma la falta de actitud de sus amigas y Lucía comprendió que debía cuidarse si no quería salir lastimada.

Naturalmente, cada una siguió su vida con normalidad.

Del 10 de febrero al 12 de febrero (2006)
Viernes

Como todas las tardes, cinco amigas alborotaban las calles con sus largas caminatas. Venían de la academia Pamer, bajaban por la avenida Cuba hasta llegar a las Galerías Brasil. Allí contemplaban engolosinadas la última moda gótica que había llegado por esos pasillos contestatarios y compraban drogas ocasionalmente. Fiorella, de escote verde y pezón erecto, comandaba esa colectividad de niñas codiciadas y solteras conocido en ese ambiente de la música cavernaria como Las Meras.

Ninguna recuerda el momento exacto, ni a quién se le ocurrió recortar la palabra “meretrices” por “meras” pero les iba bien, “a pelo”, decía Fiorella. No se hacían paltas cuando el marihuanero que vendía ropa, las llamaba así: “¡llegaron mis meras, qué van a pedir!”. Ellas eran felices y vivían tranquilas, jugaban play station, les gustaba pelearse en el Tekken Tag.

Fiorella, los días de exámenes tipo admisión se sentaba al lado del genio del salón que, en retribución por los escotes infartantes que modelaba, le facilitaba las claves. Ella era la encargada de conseguir las fiestas. Venían de todos los salones a invitarla, era muy atrevida y por eso tenía a varios detrás de ella. Siempre llevaba a las fiestas a sus cuatro inseparables amigas, entre ellas, Lucía, una nena chorrillana de 16 años que apenas había tenido un novio al que dejó porque no entendía.

El examen de admisión a la Católica estaba a dos días. A la salida de las galerías, planearon recibir la noticia juntas el domingo. Todas iban a Letras, y a pesar de haber sido amigas por mucho tiempo, o por eso mismo, postulaban a carreras dispares.

Grecia, cuyos ojos acuosos eran de un color indefinible, postulaba a Audiovisuales; Raquel, recuperada de una traición a los 15 años, quería ser psicóloga; Carina adoraba la rama filosófica de la antropología, era la más chancona del grupo. Leyó a Foucault a los 14 años por exigencia de su padre; Fiorella no se decidía entre Administración o Contabilidad, pero sabía que era buena cuadrando los números. Lucía, por su parte, no tenía otra opción, estudiaría derecho por imposición de su madre, quien le costeaba la carrera.

Habiendo estudiado todo el verano, consideraban justo que esos dos días debían entregarlos a la más célebre pereza. Por la noche, fueron a Náutica, discoteca puesta de moda por sus publicitadas noches de espuma. “No necesitamos hombres, allá habrá muchos, ya verán”, advirtió Fiorella. Conocía al barman y si aceptaban seducirlo un rato, el trago no faltaría. “Igual, yo ni chupo”, dijo Lucía. “Cuando estés adentro te vas a animar, vas a ver”, contestó Fiorella.

El taxi dejó a las cinco en el boulevard, así que se les antojó hacer unos previos en uno de los bares de ingreso libre. Entraron por un callejón de luces rojas. Al fondo, tres discotecas se erigían como las cruces de Monte Calvario. A la izquierda, en The Jungle, había mucha gente en la puerta; decidieron ir a la Esquina del diablo, a la derecha. Sólo les interesaba llegar a la barra, pero con la pista llena de bailarines era imposible y tuvo que entrar una sola. Carina y Grecia aceptaron bailar con dos “tipitos” desconocidos para no aburrirse, Lucía y Raquel esperaron a Fiorella que discutía con el barman.

Cuando Fiorella volvió con dos jarras de una cerveza mezclada con agua de caño, encontró a las chicas muy amenas, habían juntado mesas con los tipitos a condición de que estos les convidaran las chelas. Ellas etiquetaban de “tipitos” a sus víctimas: chicos que estaban destinados a chaparse en el momento que ellas (no ellos) quisieran. Raquel fue la primera en sazonarse y le dijo a Lucía, “¿cuál quieres que caiga?”, Lucía eligió al más feo para molestarla pero Raquel no se hizo paltas.

Raquel era relajada, besaba a quién quería. Después de Fiorella, ella era la más atrevida, de alguna forma le había sacado provecho a su Desgracia. Quiso enseñarle a Lucía, la menor de todas, cómo ganarse un buen trago. Se llevó a bailar al chico de Grecia, quien, contenta, se sentó al lado de Lucía para ver cómo Raquel se fajaba al chico desconocido: moldeaban sus cuerpos al ritmo de la música, iban y volvían del suelo, permanecían atenazados, ella dejaba besarse el cuello. “Ya consiguió sus tragos”, le dijo Grecia a Lucía, mientras veían a Raquel y su amigo acercarse a la barra.

-¿Qué tomaste? –preguntó Lucía, mientras esperaban a Fiorella-.
-No sé, un trago raro color morado y cañita –dijo Raquel-.
-Ja, ja, qué imbécil el tipito –dijo Grecia-.
-¡Perras! –irrumpió Fiorella-, no dejaron que le saque nada el mío –reclamó, con tono burlón-.
-Ya te tocará en Náutica, pues chola –dijo Lucía-.
-Obvio perra, pero antes quiero ir a ese De Boleto –Fiorella señaló la disco del centro-.
-¡Vamos! –completó Carina-, pero esta vez quiero que Lucía chupe y escupa hombres.
-What?, todavía en plural, no way –dijo Lucía, que solía utilizar el inglés-, yo paso –pero sus amigas no le prestaron atención-.

Entraron entonces a Boleto, un espacio cenagoso dedicado a los visitantes del placer. El atractivo estaba en el segundo piso, adonde se llegaba por una escalera de madera, los espejos devolvían la imagen de las parejas entregándose a los escarceos furtivos. Las paredes tenían periódicos antiguos pegados, las ventanas se dejaban llevar por el viento de la calle.

Los tipos de la Esquina del diablo quedaron atrás: una a una, las meras habían ido saliendo de la discoteca, la última fue Fiorella que fue quien los despidió, “gracias por todo, pásenla bien chicos, ¡chau!”. Intentaron perseguirla pero fue inútil pues a la salida ella pidió auxilio al hombre de seguridad que los intervino mientras ella se iba. Las chicas escucharon el relato de Fiorella e hicieron salud antes de borrar a esos tipos de sus recuerdos.

Lucía había probado cerveza antes, pero no en las cantidades que esa noche tomaría.

“Sabes qué Grace, ¡a la mierda el examen de admisión!”, dijo Carina. “¡Sí, esta noche es para nosotras!, no hay teorías, respuestas ni leyes”, completó Grecia que advirtió la mirada de los chicos de la otra mesa. “¿Quién los saca a bailar, tú o yo?”, preguntó Carina. “Que sean hombres y vengan”, dijo Grecia, sin dejar de vigilar a Lucía, Fiorella y Raquel que bailaban aparentemente tranquilas.

Ellas se miraban a través de los espejos. Fiorella le hizo la seña a Raquel para que empiece a besuquear a su chico. Raquel se recostó en los vitrales, lo jaló de la chaqueta y empezaron a agarrar. Lucía no entendía lo que pasaba, pero vio que Fiorella también lo hacía. Se sintió presionada, supo que no reproduciría un beso con el desconocido, pero éste se acercó y la besó, Lucía lo mordió, empujó y volvió a la mesa. “¡Loca de mierda!”, gritó el tipo. Raquel fue la primera en darse cuenta de lo sucedido y jaló a Fiorella que no quería soltar su presa.

“Que no te afecte, Lucía, tómate un trago”, pidió Carina. “Ah, pero por supuesto, solo pido que me sepa tratar, si no yo no respondo”, dijo Lucía mordiéndose el labio. “Muy bien, ya estás en la onda”, felicitó Fiorella. Al parecer, Lucía lo había tomado bien, no hizo mayor drama, probablemente porque estaba picada y seguía bebiendo. Raquel, que ya se le había subido los colores a la cara, la animó diciendo “ya sabes, Lucía, no dejes que te besen, tú te los chapas y punto”.

Cinco amigas en plan de allanar la discoteca siempre resultan hostiles. Los chicos no vienen solos, sino con amigas o novias, que las meras anulaban rápidamente con recursos conocidos. Ellas han probado, casi científicamente, que los hombres son predecibles, básicos y de punto débil conocido: la entrepierna, debían dirigir allí la seducción, a calentarle las venas. Esa frescura teórica atraía el odio de las mujeres, que las veían chibolas y atrevidas. Lo que vino después, ya era costumbre en las salidas de las meras.

Lucía y un tipo mayor bailaban, él le hablaba del cochino mundo de los abogados, cosa que ella encontró interesante por razones profesionales, él hacía sus prácticas en un conocido estudio y, por ende, sabía que todos los juicios en el Perú tenían tarifa. Parecía aplicado y estudioso, de los que le gustaban a Lucía y por eso decidió besarlo. Segundos después, una chica apareció por detrás y le dio de carterazos a Lucía, “¡para que te portes bien, regalona!”, pregonaba.

“Fucking bitch!”, pensó Lucía y arremetió con las uñas. Felizmente, todo pasó rápido, el barman sujetó a Lucía y el practicante a su amiga (o novia celosa). Grecia y Carina se llevaron a Lucía. Fiorella le gritó “¡pobre cachuda!”. Salieron todas entre risas, podían tomarse el incidente como la “graduación” de Lucía, pero la noche recién empezaba, no querían dormirse en sus laureles, todavía faltaba la noche de espuma en Naútica.

Caminaban alegres y mareadas. Podían sentir los hundimientos de la calle Grau y la presión del calor del verano. La espuma sería el refresco, tanto como esos dos chicos gringos que parecían turistas y pagarían derecho de piso debajo del semáforo. “Grecia, enséñale a Lucía cómo se hace”, ordenó Fiorella. “Hablamos, están cruditos, son muy blancos para mí”, rechazó Grecia. “Ustedes no me van a enseñar nada, par de arrechitas, miren y aprendan cómo tratar a los visitantes”, sorprendió a todas Lucía. Avanzó rápido y llamó con los dedos al turista, “hey, guy. Got a minute?”, preguntó. Antes que el turista dijera algo, Lucía se encaramó en él y lo besó. El otro turista sólo atino a grabar la escena con su celular U7, como si fuera un evento típico del país y a la vez sobrenatural. Como sea, era el tercero en su cuenta personal, la cacería de chicos estaba declarada. Lucía tenía nivel internacional.

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Esta historia continuará. 

Un golpe de gracia me llevó a comenzar la "chiqui-novelita 2.0" que acaban de leer y me obligaré a escribir las siguientes semanas. Esta fue la primera parte del primer capítulo. Estoy abierto a ideas, diatribas o sugerencias que me envíen para poder terminarla (personajes, situaciones, etc.) ya que mi idea para continuarla es vaga. Espero que la sigan NO fielmente, espero que la sigan los infieles.
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Fotografía por handrez
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Este capítulo en una canción

9 comentarios:

  1. Reiner, comento después de mucho, mucho tiempo, eso no quiera decir que no te lea, últimamente ahora disfruta mas leerte que antes, no que me incomoda y se que no tengo el derecho es la demora, que sobre todo tú posees en postear, en fin, con respecto a la historia, creo que tú y nadie mas que tú debe ser su dueño, arquitecto de esto, que puede ser tu primera novela, y me gusta que la haya podido leer por este medio, despues supongo que me costara.

    Toda la suerte, espero que el proximo capitulo sea mejor, mas detallado mucho personaje me mareo, aun asi se entiende.

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  2. = ) cumpli ja!
    Se ve interesante y se lee con atencion me gusta el trama que le das, porq no le das un cambio inesperado cosa que asi haces q el q no leyo desde el comienso no lo cabte, suerte esperare la segunda parte.

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  3. Hola, empece a leer A choteadas Aprendi, desde que teni, me paso este blog, como llamarlo " pintoresco", y de ahi, no solo me he enganchado con las historias, de Teni, si no con las tuyas, Reiner, no sé, es divertido entretenido, aunque demoror por naturaleza, es muy temprano, sacar una conclusion de un comentario acerca de tu primer post de novela, que espero que se convierta en un libro fisico y no digital, que creo es a lo que aspiras. En fin espero la segunda parte. Besos, sigue asi.

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  4. Reiner:

    Nosotros, no tenemos por custumbre, comentar el post del otro, a menos que, el caso lo amerite, este es el caso. Tu primer post de tu "novela", me gusto, tal vez,porque la lei antes que la publiques, porque conosco de "cerca" a los personajes, aunque no de un modo como el tuyo; sin embargo, hay algunas cosas, que faltan espero que sorprendas a los lectores, pues en mí, de anto mano, me atrapo me envolvio y rei a carcajadas mientras, me contavas los pormenos de lo hechos.

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  5. RESPUESTAS

    Hola Sergio, rebienvenido al bloJ. Las demoras se deben a las ganas de publicar no un mamarracho, sino un texto final, acabado, pulcro (o también porque el video no estaba listo y eso retrasa la publicación). Entiendo tu molestia de igual manera. Por lo otro, más que gustarme haber empezado una novela, me atrae pensar que la acabaré; de lo contrario, presento mi renuncia a este jueguito de periodista sentimentalón. Por último ¿quién crees que será LA personaje principal? Abrazos.

    Hola Paulo Valencia, los textos están bien o mal escritos, no hay más, si pasa lo segundo, nadie entenderá nada. Y no pretendo eso. Saludos.

    Hola Laura, ese Teni siempre se chorrea por todos lados. La novelita está hecha para formato virtual, después no sé lo que pase. Volveré en dos semanas con la segunda parte. Hasta entonces, un abrazo.

    Gracias Teni, pero no seas cachaciento con los lectores eh.

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    ESTE DOMINGO SALE EL POST DE TENI BOY. PROMETE MUCHAS CONFESIONES Y SUEÑOS ROTOS.

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  6. Hombres, hombres y hombres!!! Cuándo no haciendo daño a las mujeres!! jajaja...Ayy Reii me gustó la primera parte de tu novela...Te felicito de todo corazón x animarte a publicarla y sobre todo a dar tus pininos como escritor...Será un rotundo éxito...Te kiero mucho!!

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  7. No sé si por una chica, no se si porque no tienes ya más ideas, o porque simplemente juegas a ser escritor.

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  8. RESPUESTAS PRE POST DE TENI

    Hola Rosita, espero que te enganche la novela. Besos.

    Vale, Bonham.

    Anónimo, es válida la duda. La chica que reclamas me va a matar. Las ideas que reclamas las encuentras allí. El jueguito del escritor lo jugamos todos. Saludos.

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    COMO PARTE DE LOS EVENTOS POR LA SEMANA DE LIMA, ANUNCIO EL POST DE TENI PARA LA MEDIA TARDE DE HOY. BUENA SEMANA.

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Aunque sea una carita feliz... )=D